Schoenstatt es Misión

“La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales. No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas…” Más bien la Iglesia necesita, “confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio…” Según Aparecida, este proyecto no depende tanto de grandes estructuras, “sino de hombres y mujeres nuevos…”
— Documentos de (Aparecida, 11)

Octubre 2014 Encuentro Internacional de la Familia de Schoenstatt, Alemania

Schoenstatt quiere regalarle a la Iglesia estos hombres y mujeres nuevos, formando laicos que se lanzan al vacío de la falta de esperanza con corazones llenos de confianza en Aquel que nos ha enviado. Dios Padre quiere que su reino se establezca de forma perpetua en medio de nosotros. Por eso, nos envió a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo por medio de María Santísima. En la fuerza del Espíritu Santo se nos hace posible acoger el reto y el llamado de forma positiva. 

Como instrumentos en las manos de la Madre de Dios, buscamos conquistar corazones para Dios. El instrumento de Dios en las manos de María se sabe a sí mismo portador de una Buena Nueva. La recompensa es la paz de servir a los demás. La tarea es la de ayudar a otros a encontrar el camino hacia la verdad. La respuesta, el secreto estriba en convertirnos nosotros mismos en respuesta, en camino.

La formación en Schoenstatt incluye un esfuerzo serio por un estilo de vida mariano con carácter apostólico. Es decir, por nuestro ser y actuar, con un fino tacto hacia todo lo que pertenece a la experiencia básica humana, el schoenstattiano cultiva un delicado sentido de lo apropiado, que le permite ser criterio para otras personas en medio de la confusión moral actual.

El apostolado en Schoenstatt nos desafía ser, más que a hacer. A pesar de que desempeñamos todo tipo de apostolado dentro y fuera de la Iglesia, nuestro primer campo de trabajo y de ministerio es el seno de la familia, que son aquellos que más nos necesitan.

Como gente que hemos vivenciado una riqueza sin igual en nuestro camino de fe a través de nuestra vinculación al Santuario y de la presencia de María en nuestras vidas, buscamos y siempre encontramos la manera de acercar a otros al corazón de Dios cultivando las relaciones humanas de forma sana y como camino de santificación. De esta manera, nuestros corazones, como el de María, se reconvierten en eslabón y anzuelo para llegar hasta Dios.