Celebración de la Alianza, Marzo 2017

Celebración de la Alianza de Amor

19 de marzo de 2017

 

Basado en pensamientos del P. José Kentenich

 

Cantar el lema:          Padre, tu carisma guie la Familia hacia tiempos de esperanza.

LECTOR I       Ya ha comenzado la Cuaresma y como Familia de Schoenstatt y miembros de la Iglesia universal queremos entrar en el desierto y acompañar a Jesús, entramos al desierto tomando distancia de las seguridades de nuestra vida cotidiana y dejándonos iluminar por el carisma del P. José Kentenich y la sabia conducción de nuestra Madre y Reina de Schoenstatt.

El buen Dios nos ha regalado para nuestros tiempos un carisma por medio del Profeta de María, el P. José Kentenich. Es un carisma que nos permite desafiar el mundo que nos rodea sumergido en la oscuridad y la confusión, ese mundo que pretende arrastrarnos a la perdición, al desánimo y a la desesperanza. Por eso vamos al desierto a acompañar a Jesús porque hemos recibido un carisma profético.

LECTOR II     Ante el desierto sin árboles, ni vegetación para cobijar, arenas sin camino, carencia de sombra, sin agua para aquietar la sed del mundo que nos devora, edificaciones para reposo, Profeta de María nos vincula en la Alianza de Amor a la Madre Tres Veces Admirable, al Santuario de Schoenstatt, y a sí mismo como Padre Fundador. Él nos ofrece una pedagogía que nos mueve a ser cristianos auténticos, libres al decidir, generosos en el amar, y magnánimos ante el sacrificio.

LECTOR III    El profeta sabe que solamente en Alianza de Amor podemos cruzar el desierto de la mano de María. Las mayores amenazas que aquejan a la humanidad en el presente año 2017 son las ideologías que contradicen la verdad de que somos seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Así una vez más nos enfrentamos como Adán y Eva a la tentación de querer ser nuestro propio dios.

Nos encontramos en tiempos de cambios rápidos y el profeta está llamado a ver a Dios detrás de cada acontecimiento, del hermano, de los pueblos, detrás de cada ser y de toda la creación. Por eso el Padre Fundador ante la confusión practicaba la fe en la Divina Providencia. ¿Cómo lo hacía? Él mismo nos lo describe: “con el oído en el corazón de Dios y la mano del pulso en el tiempo”. (P. José Kentenich, Carta a P. Menningen, 14 de marzo de 1955)

LECTOR I       En nuestra búsqueda de la felicidad no podemos dejarnos engañar por las falsas promesas del enemigo quien quiere aprovecharse de nuestra debilidad para alejarnos de Dios. Es la virtud de la esperanza la que nos ayuda a alcanzar la verdadera felicidad. Leemos del Catecismo de la Iglesia Católica:

La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad. (CIC 1818)

Como cristianos es nuestra responsable obligación definir la verdadera felicidad y darnos a la tarea de conquistarla para nosotros y para el prójimo y por tanto guardarnos fortalecidos por la fe, la esperanza y la caridad de no caer en tentación.

TODOS:          Padre, tu carisma guie la Familia hacia tiempos de esperanza.

LECTOR III    El Profeta de María, el P. José Kentenich nos instruye en su tercera homilía del Juego del Amor sobre el secreto de la santidad y la felicidad. Para el Padre Kentenich la santidad es sinónimo de felicidad y felicidad es santidad.  Por eso la insistencia de una falsa felicidad ofrecida por el tentador que siempre nos acecha como león rugiente.

La persona que no lucha por la santidad, que actúa y decide con indiferencia, está en peligro de perder la verdadera felicidad tanto en la tierra como en la vida futura. Al hombre de hoy el Padre Fundador le ha propuesto ver la vida como un juego del amor, en el sentido de que todos hemos sido creados para participar del gran drama de la Historia de Salvación y que la vida es un juego pues el juego decide por vida o por muerte, felicidad o por infelicidad, por tiempo y eternidad. Lo primordial no es si somos ricos o somos pobres, lo primordial en esta vida es que juguemos constantemente por nuestra salvación.

LECTOR I       Jugar es la labor de un niño. La mayor desgracia del hombre actual es la pérdida del sentir de niño, porque ello imposibilita la actividad paternal de Dios.  Para que Dios pueda desarrollar su bondad y riquezas paternales es indispensable que éstas sean despertadas por el desvalimiento del ser humano.  El hombre niño y humilde obtiene de Dios todo lo que quiere.

Reconquistar ese sentir de niño es entonces la mayor felicidad que podríamos brindar a la humanidad de hoy y cualquiera que sea el ámbito donde nos toque actuar, siempre debiera desprenderse de nosotros el inconfundible perfume del sentir de niño. El desierto nos permite volver a ser niños desvalidos ante las inclemencias del ambiente. La dureza del viento que agota inclemente por las tormentosas olas de arena que agota físicamente, ciega e impide avanzar, la soledad que agobia la sanidad mental y espiritual, confunde.

¿Cuántas veces en el desierto, nosotros hemos levantado los ojos al cielo, con llanto y con palabras desgarradoras y hemos pedido auxilio? ¿Cuántas veces el Padre nos ha enviado consuelo? Muchas veces lo agradecemos y aceptamos, otras no reconocemos a su mensajero pues no le vemos las alas.

LECTOR II     El amor y plan de Dios requiere que conozcamos nuestra tarea y nuestra Misión o Ideal Personal, aceptando el sufrimiento en silencio y en oración nuestra vida se unirá a la voluntad de Dios, así como la vida de María con un continuo Sí, aún al pie de la Cruz.

TODOS:          Padre, tu carisma guie la Familia hacia tiempos de esperanza.

LECTOR III    Es el Espíritu Santo quien dos da a reconocer el verdadero significado de nuestra vida, que es un juego constante como el P. Kentenich enfatizó, que es un juego de amor, dinámico y decisivo, es un juego constante entre Dios y los hijos de Dios. El Espíritu Santo además nos guía, y es más fácil para Él conducir a aquellos que con humildad y sencillez renuncian a sus deseos y planes cuando el Padre Dios así lo quiere.

Es la respuesta de la gracia del Espíritu Santo que viene en nuestra ayuda, así como ante la amenaza de muerte de Ismael abandonado en el desierto por Abraham a petición de Sara, la esclava Agar, desvalida como niña invoca piedad y misericordia para su hijo y para ella. Yahvé compadecido escucha y actúa, envía un ángel con alimentos y agua para que no desfallezcan.  Jesús en el Huerto de los Olivos, ante la inminente inmolación del Cordero de Dios, clama al cielo de rodillas y sudando sangre abraza la voluntad del Padre, “no se haga mi voluntad si no la tuya" (Lucas 22:42) fue su petición.

LECTOR I       Las protestas y quejas de la cuaresma: no puedo, necesito, no estoy conforme, no acepto, me revelo, rechazo, me detengo, no coopero, se unen a las del pueblo de Israel en el desierto: tenemos sed, queremos carne, estamos cansados etc. etc. Si deseamos seguir como pueblo de Dios, felices en la casa paterna como amigos e hijos, entonces debemos poner a un lado nuestras quejas y protestas para disponernos a purificarnos de nuestras faltas y pecados, pasados y presentes, que han herido el corazón del Padre Dios.

LECTOR II     La purificación de la Cuaresma la logramos mediante prácticas recomendadas por la Santa Madre Iglesia.  Así llegaremos preparados y limpios para vivir una Semana Santa con toda profundidad, veneración y respeto que merece. Las prácticas son el ayuno, la oración y la limosna. El ayuno no sólo es de comida y bebida que también puede ser agradable a Dios sino de templar nuestro cuerpo a veces tan caprichoso y regalado para hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas.

El Ayuno y la abstinencia, sobre todo, nos ayudan a romper con el egoismo, las vanidades, el orgullo, el odio, la pereza, las murmuraciones, los malos deseos, las venganzas, las impurezas, la ira, la envidia, los rencores, la injusticia, y la insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno incluso de cosas nobles y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor.

LECTOR III    No desperdiciemos las muchas oportunidades que nos ofrece Dios y este tiempo de gracia para ofrecer muchas contribuciones al Capital de Gracia. Durante esta Cuaresma abramos a Dios nuestro corazón de niño que no quiere hacer otra cosa que darle alegría al Padre cumpliendo con la voluntad de Dios.

TODOS:          Padre, “no se haga mi voluntad si no la tuya". (Lucas 22:42)

PETICIONES

¬ Para que con la gracia del Espíritu Santo podamos en esta Cuaresma distanciarnos de nuestras seguridades y encontrarnos a nosotros mismos como auténticos hijos de Dios. Oremos.

TODOS           Padre, auméntanos la esperanza.

¬ Para que podamos comprender la profundidad de la Alianza de Amor con la Mater y ser fiel a ella en medio de las tentaciones y dificultades que enfrentamos. Oremos.  

TODOS           Padre, auméntanos la esperanza.

¬ Para que comprendamos que alcanzaremos la verdadera felicidad en la medida en que luchemos por la santidad y no cedamos a nada que nos aparte del camino al Cielo. Oremos.

TODOS           Padre, auméntanos la esperanza.

¬ Para que reconozcamos que el plan y el amor de Dios requiere vivir nuestra Misión e Ideal Personal, aceptando en oración y con amor el sufrimiento, y aspirando a estar con María al pie de la Cruz. Oremos.

TODOS           Padre, auméntanos la esperanza.

¬ Para que mediante las prácticas de purificación que nos provee la Santa Madre Iglesia podamos vivir una Semana Santa con la adecuada veneración y profundidad. Para que todos nuestros esfuerzos por la santidad sean agradables a la Mater y ella los pueda usar como contribuciones a su Capital de Gracias y para que nuestro ejemplo de vida sea la carta de recomendación que necesita nuestro Padre Fundador para llegar al honor de los altares. Oremos.

TODOS           Padre, auméntanos la esperanza.

Renovamos nuestra Alianza de Amor con la Madre Tres Veces Admirable, Reina y Vencedora de Schoenstatt diciendo, Oh Señora mía…